Opinión

500 años de dialéctica mexicana entre crematomanía y amor al pueblo

Por Luis Alberto Vázquez

“…y todo esto paso con nosotros, nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos,
con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados…”
Traducción de Miguel de León Portilla de textos nahuas.

1519.- Llegan a Mesoamérica conquistadores que exudaban hambre y sed de oro, bajo el mando del aún debatido Hernán Cortés, capitán temerario y astuto que se atrevió a desguazar sus naves (que jamás quemar o hundir) y así obligar a sus soldados a continuar adelante y conquistar fabulosos imperios con fuego destructor. Llegó también la cruz generadora de una diferente y nueva cosmovisión lo mismo étnica, religiosa que artística y hasta gastronómica.

13 de agosto de 1521.- La conquista fue terrible; así la describen los mismos misioneros como Bartolomé de las Casas y muchos otros en sus narraciones históricas. Estos evangelizadores les concedieron “otredad” a los nativos y mostraron su dolor al ser desplazados y torturados por los conquistadores; ellos fueron quienes dieron pálido rostro a los que no lo tenían, así como voz, a los que cantaban tristes lamentos como “los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos, enrojecidos están sus muros”.

A diferencia del criminal anglosajón, el conquistador español tuvo su conciencia ética en la Universidad de Salamanca, donde el Padre Francisco de Vitoria, durante la que podría ser la primera defensa mundial sobre derechos humanos, consideró que algunos argumentos para la conquista eran ilegítimos, basándose en la lógica de que «en un principio todo era común a todos”; además osó preguntar: ¿Y si los indígenas americanos hubieran conquistado España? Atreviéndose a asegurar que; los indios bárbaros antes de que los españoles llegasen a ellos eran los verdaderos dueños en lo público y privado. El emperador, aunque fuese dueño del mundo, no por ello podría ocupar las provincias de los bárbaros, establecer nuevos señores, deponer a los antiguos y cobrar tributos.

La realidad histórica se impone al fatalismo y debemos reconocer que surgió de aquella expugnación una dialéctica excepcional donde la tesis fue la insaciable ambición española y la antítesis la creatividad artística y el trabajo incansable del indígena y como síntesis, un maravilloso “sincretismo” integral que generó todo un patrimonio tangible e intangible rodeados de imaginarios culturales maravillosos y majestuosos, lo mismo en lo étnico (mestizos y diferentes castas) que en lo religioso donde los santos católicos adoptaron apellidos indígenas (San Mateo Otzacatipan; San Juan Chamula o Santa María Amajac entre tantos). Festividades mesoamericanas que se funden con las cristianas en la adoración de la Vírgenes europeas como Guadalupe, Talpa, Zapopan, etc. Altares de muertos que unen el Mictlán con el Paraíso o infierno cristiano. Además, en la gastronomía mezclando sabores europeos con mexicanos y en la medicina donde la herbolaria náhuatl enriquece la farmacéutica española.

Cómo olvidar el Barroco novohispano: fusionar la creatividad artística mesoamericana con la visión mística cristiana, la majestuosidad indígena y ojo estético de frailes; increíbles obras únicas ya hoy patrimonio de la humanidad como La Capilla del Rosario en el Templo de Santo Domingo en Puebla, (llamada la “Octava Maravilla”); su misma catedral “construida por ángeles”. La Catedral Metropolitana con su Altar de los Reyes y sus portadas del Sagrario; la iglesia de Santa María de Tonantzintla; la fachada y el retablo principal del templo de San Francisco Javier (Hoy Museo del Virreinato) en Tepozotlán, o la Catedral de Zacatecas con su puerta majestuosa y así, infinidad de glorias arquitectónicas repartidas por todo el país. Destacan en todas ellas esculturas talladas y policromadas que muestran las habilidades técnicas de los artesanos, reflejan la expresividad y el amor hacía la nueva religión primeramente impuesta y luego asimilada con los rasgos politeístas que jamás se olvidaron.

El barroco novohispano como síntesis de la originalidad de las culturas náhuatl e ibero/musulmana fue el gran producto del Nuevo Mundo, se convirtió en un decorativismo más exacerbado que el europeo porque contó con la monumentalidad arquitectónica e imaginación indígena y la contemplación espiritual de los españoles y abarcó todas las formas de vida social, cultural y hasta mística de la nueva raza de Mestizoamérica.

Todas estas maravillas culturales fueron producto de la fecundación entre indígenas y españoles, aunque pagadas con la sangre y sudor de los primeros ante el goce y disfrute de los segundos, que cuando se fueron de esta vida, nada, absolutamente nada se llevaron de aquellas riquezas obtenidas en minas y agricultura, pero quedaron como caudal del México eterno.