Elogio a la bonhomia

Por Luis Alberto Vázquez

Cuando se abrió la caja de Pandora, supuesto “regalo” que el furioso Zeus enviaba a la humanidad tras la entrega a ella del fuego divino que Prometeo había robado al Olimpo, saltaron los peores males del mundo y se esparcieron por él; sólo quedó dentro una pequeña lucecita, pero con un fulgor inmenso que nos iluminaria por la siempre: “La Esperanza”.

Inicio esta reflexión con su conclusión que se traduce como dos preguntas: ¿Sería posible generar muchos “álter ego” de las personalidades que aquí parabolizo? ¿Será posible que limpiemos nuestros ojos y alma del odio irascible que se ha propagado y aceptemos lo bueno que nos ofrece la vida en todas sus manifestaciones?

En el siglo XII la jerarquía eclesiástica cristiana vivió en una creciente opulencia; olvidó obedecer el mensaje evangélico de Jesús de Nazareth, coexistiendo con sus postulados de una vida pobre. Hubo un hombre llamado originalmente Giovanni quien en su juventud sustentó una vida disipada; incluso participó en guerras. Hacia 1205 una voz interior lo conmovió y adoptó desapego a lo terrenal, expresando a sus cercanos: “… pienso casarme, y la mujer con la que pienso comprometerme es tan noble, tan rica, tan buena, que ninguno de vosotros visteis otra igual”. Una noche, en el silencio de la oración recibió el mensaje: “Francisco ve y repara mi iglesia, que como ves está en ruinas”. Entonces adoptó ese nombre recibido y, con espíritu de obediencia, alegre de sentirse amado y llamado por el Padre, decide ceder todos sus bienes a los humildes y manifestó su deseo infinito de esposar a la señora Pobreza.

A Francisco se unieron aquellos que como él deseaban vivir el Evangelio al pie de la letra, en pobreza, castidad y obediencia. El espíritu de Francisco de Asís ha sido por siglos inspirador de fraternidad universal en la construcción del diálogo entre todos los seres humanos; ejemplo en la caridad, en la bondad y en el desapego a los efímeros bienes materiales. Es un perfecto ejemplo de “Bonhomía”: que significa afabilidad, sencillez, honradez y bondad humana, únicas claves para una felicidad auténtica y permanente.

El Papa Francisco predica claramente con humildad. Ha roto con muchas tradiciones que nada tienen que ver con la pobreza evangélica del humilde carpintero de Nazareth: Le es indispensable utilizar un anillo papal, usa uno de plata, no de oro como sus antecesores; su cruz pectoral está forjada en un metal común, no de oro con brillantes; rechaza la estola bordada en oro y usa una sencilla sin ornatos pomposos. Ordenó quitar el trono papal de oro cambiándolo por una simple silla de madera. Convirtió el fastuoso palacio de Castel Gandolfo, tradicional residencia veraniega papal, en museo abierto al pueblo. Se traslada en un automóvil descubierto en lugar del papamóvil blindado. Más impresionante es su actitud humanista de no pedir castigo contra nadie ni aumentar penitencias e invita a su misa diaria a jardineros, oficinistas y empleados de limpieza del Vaticano; él ve una iglesia donde los pobres son primero.

Los tradicionalistas quisieran conservar una Iglesia ligada a la riqueza: vituperan violentamente contra Francisco por su cercanía a los humildes, fingen ser lo auténticos mensajeros del evangelio, pero sus actos dicen todo lo contrario: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” Mateo 23.3

Francisco destaca que la misión de Jesús es persistir en “la humildad”, “la mansedumbre, la capacidad de estar cerca del más necesitado”. Toca y abraza a la gente; la mira a los ojos; la escucha, vive siempre cercano; quita las barreras de protección y seguridad a su persona y permite hasta que le palpen. Hoy por hoy existen personas honestas que procuren cambiar la forma de vivir el poder y convertirlo en servicio a los demás. Debemos creer en la sinceridad de quienes aman al ser humano y quieren reparar el mal existente. Aceptemos a quienes buscan el bien comunitario.

Para este 2021me quedo con unas palabras maravillosas del papa Francisco en su mensaje navideño; ojalá todos nosotros pudiéramos seguirlas y hacerlas realidad viviendo la bonhomía: “En este día de fiesta pienso de modo particular en todos aquellos que no se dejan abrumar por las circunstancias adversas, sino que se esfuerzan por llevar esperanza, consuelo y ayuda, socorriendo a los que sufren y acompañando a los que están solos”.

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