La Comarca hostil que debe renovarse

Por Alejandro Buendía

La Comarca Lagunera, por su diseño y sus carencias, es hostil para la ciudadanía.

Sus banquetas angostas (a excepción del centro), la falta de agua potable en todas las colonias, los tandeos, la rapiña, los bajos salarios, el pavimento quebrado, las pocas áreas verdes.

Hasta la fecha, no ha habido ningún gobierno que administre y diseñe proyectos con perspectiva metropolitana. La voluntad política por mejorar las condiciones de vida de las y los laguneros no existe.

Pero, entonces, ¿qué hacer para sí poder vivir mejor en la región?

Desde algunos años y hasta la fecha, las organizaciones de la sociedad civil han ido tomando fuerza en la región. El empuje de ciudadanía, así como el diseño de proyectos y campañas de socialización, es un buen comienzo para poner el dedo sobre la llaga, ofrecer alternativas y presionar a las autoridades.

Tenemos que pugnar por una zona metropolitana libre, en donde se pueda transitar de un estado a otro, a prácticamente cualquier hora del día, sin mayor problema. Necesitamos una región incluyente, que abrace a todos, que ofrezca las mismas condiciones para emprender o para trabajar como asalariado. Necesitamos una región que tenga agua en todos los rincones, que regule el extractivismo y pondere el derecho humano al acceso al líquido.

Todos estos temas, así como la lucha contra la corrupción y la promoción de la fiscalización y rendición de cuentas, los tocan organizaciones hermanas que, desde sus trincheras y con pocos recursos, tratan de incidir de manera positiva.

Depender de lo que haga o digan los gobiernos municipales, estatales y federales recae en un acto de fe que casi nunca provoca el milagro.

Desde el trabajo, la coordinación, los acuerdos y el esfuerzo, de alguna manera, se podrá comenzar a incidir de manera positiva.

En la Comarca Lagunera tenemos muchos retos y será, sólo a través de la ciudadanía, que esta tierra deje de ser un lugar hostil para vivir.

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El agua que no es de nosotros

Por Alejandro Buendía

El agua no es de nosotros. Esta frase, sin duda, es inobjetable. Los seres humanos, al menos en Coahuila, no somos los principales beneficiarios del agua dulce, o al menos no la ciudadanía de a pie.

Me explico, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, sólo el 6.98% del liquido renovable disponible en todo el estado de Coahuila es para consumo humano. Esta cifra es inferior a la media nacional y explica, prácticamente, por qué, en estos tiempos, ya no está llegando agua a los hogares.

La Comarca Lagunera, como una región con vocación agroindustrial, es de las principales cuencas lecheras y ganaderas del país, sin embargo, esto también ha repercutido en el acceso al agua potable.

De acuerdo con el Instituto Municipal de Planeación de Torreón, en La Laguna operan alrededor de 33 mil productores agropecuarios, todos ellos, para poder lograr sus cosechas o alimentar a sus animales, tienen acceso al agua de las presas que, a su vez, proviene de las lluvias en la Cuenca Alta del Nazas y de los propios escurrimientos del río. Es decir, por más seco que pueda ser un año, tal como lo ha sido el 2021, siempre tienen agua para el riego; para producir masivamente.

En contra parte, los coahuilenses y, particularmente las y los laguneros, tenemos que perforar el subsuelo para tener acceso a agua potable. Hace 30, 40 o 50 años, el agua subterránea de la Comarca no estaba tan lejos, con penetrar unos 20 o 30 metros bajo el suelo ya se podía encontrar agua limpia. Hoy, lamentablemente, los últimos pozos del Simas han hallado líquido a más de 200 metros de profundidad. El agua, cargada de metales pesados, no es sana para los seres humanos. Los laguneros estamos enfermos, hay colonias en Torreón en donde los niños nacen con condiciones relacionadas con la contaminación del agua y del aire. En La Laguna, insisto, el agua limpia y sana no es de nosotros.

¿Qué hacer como sociedad? En México, por ejemplo, la pobreza, violencia, desempleo, desigualdad, entre otros males, son fenómenos ya normalizados. Al final, ninguno de ellos nos unió ni nos solidarizó. En cuanto al tema del agua, el problema ya es latente, tangible y preocupante. Como ciudadanía y, como sociedad, requerimos construir un bloque de resistencia, que exija y que presione. Sin duda, si el agua no nos une, no lo hará nada.

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La Laguna: bomba de tiempo por falta de planeación

Por Alejandro Buendía

El crecimiento de la región lagunera ha sido brutal. En el último siglo, pasó de ser una pequeña villa en el norte de México a una zona metropolitana superior al millón de habitantes.

El accidente en la línea 12 del metro nos afectó a todos y todas. No hay más, la tragedia fue producto de la corrupción, de la negligencia y, sobre todo, de la falta de planeación.

En México la obra pública está pensada para resolver una demanda actual, no futura. Independientemente de las condiciones en las que estaba la estructura del metro, en ningún momento las autoridades previeron que esta instalación iba a subir en su demanda con el paso de los años.

Expertos en temas civiles que fueron consultados para esta columna estiman que, para este tipo de obras, se tiene que cimentar y estructurar pensando en el peso que va a requerir en el futuro, no en el que va a necesitar cuando arranque su funcionamiento.

Este fenómeno también sucedió en Torreón. El puente Diana Laura que conecta al bulevar Revolución con la Calzada Saltillo 400 ya está deteriorado. Sus pilares están llenos de testigos, es decir, señalamientos para determinar qué áreas necesitan reparación y su capacidad ya está rebasada.

Este puente, cuando fue inaugurado, estaba pensado como paso vehicular, sin embargo, con el paso de los años y el crecimiento desordenado de la ciudad, este sector comenzó a sobre poblarse. Ahora, esa infraestructura constantemente está embotellada. El peso de los vehículos, más la fuerza que le imprime a la estructura la vibración de los motores, ha afectado a ese puente.

Otro caso es el puente de Villa Florida que se fracturó hace unos años. Este lugar, al igual que el Diana Laura, fue pensado para cierta carga vehicular, pero nuevamente la falta de planeación hizo que, años después, colapsara y estuviera a punto de provocar un accidente de dimensiones monumentales.

En México y en La Laguna todo se ejecuta sin visión a mediano y largo plazo. Por eso tenemos una región sin agua, sin empleo, sin una vocación industrial clara, sin identidad, sin prácticamente nada.

A las y los candidatos que participan en la contienda, les exigimos que, todas sus propuestas contemplen el largo plazo, que no estén regidas por los intereses electoreros de sus partidos que sólo piensan en ganar y cooptar voluntades. Torreón y la Comarca necesitan visión, no a las y los políticos de siempre que proponen lo mismo, no cumplen nada y, al cabo de dos o tres años, brincan a otro puesto para seguir viviendo del erario.

Hoy La Laguna es una bomba de tiempo. La infraestructura no recibe mantenimiento, los pozos de agua son atendidos hasta que fallan. El aprovechamiento de la basura para generar energías limpias tampoco está contemplado. Hoy, en este oasis que se está secando, la vida, a mediano y largo plazo, por culpa de quienes nos han gobernado, no está garantizada.

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Duele La Laguna, duele Torreón y duele Coahuila

Por Alejandro Buendía

Camino por las calles de Torreón o de Gómez Palacio o de Lerdo o de cualquier otro municipio aledaño y respiro dolor. Las banquetas destruidas, el pavimento quebrado, las llaves de agua sedientas. Vivimos en una región y en un estado ahogado en carencias. Las y los ciudadanos padecemos el crecimiento poco sostenible de la región y, al mismo tiempo, las malas decisiones de quienes nos gobiernan.

Este año electoral leeremos y veremos mucho golpeteo. Habrán quienes ofrezcan el proyecto de salvación que transformará para siempre las dinámicas sociales y políticas de cada uno de los 38 municipios coahuilenses que están en juego. Habrá quien sea más recatado y busque darle continuidad a lo que hizo su partido años atrás. Aparecerán otras opciones que se irán directo a la yugular de sus contrincantes, descalificarán, insultarán y al final no propondrán nada.

Así se hace política en México, es sólo un medio en el que navegan para acomodarse en un puesto que goce de muchos privilegios. La ciudadanía queda de lado. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos.

Las cúpulas se reúnen en restaurantes, casas o bares de la región y deciden por todos los demás. Insisto, La Laguna, Coahuila y Torreón duelen, duelen mucho.

Entiendo que el electorado esté molesto, que muchas personas ya no acrediten ni validen nuestro sistema. En Coahuila se jugarán 38 alcaldías, 400 regidurías y 75 sindicaturas. Algunos partidos optarán por pulverizar el voto e inhibir la participación ciudadana, otros buscarán su primera oportunidad al frente de un poder ejecutivo y otros más sólo anhelan el 5 por ciento de los votos para continuar con registro y con el recurso que esto conlleva.

Me duele que Torreón no sea competitivo siendo una ciudad tan diversa. Me duele que en Coahuila no haya memoria y se olviden hechos como la megadeuda, la masacre de Allende, los desaparecidos, los feminicidios y otros hechos de corrupción y violaciones a derechos humanos. Me indigna que el 56% de las y los torreonenses ganen menos de dos salarios mínimos diarios y, en cambio, sus jefes vivan como reyes en palacios de cristal.

Lamentablemente, en nuestra incipiente democracia, el único vehículo que tenemos para influir de forma directa es el voto. Si no vamos a ejercer nuestro derecho, alguien más, que podría defender intereses oscuros, lo hará por nosotros. Es válido estar enojados con el sistema electoral mexicano, así que, nuestro deber, es fortalecerlo a través de la participación.

Más allá de la urna, nuestra misión consistirá en ser vigilantes, en quejarnos, en no dejar que nos pisen, en exigir hasta el cansancio. Torreón, La Laguna, Coahuila y México ya no aguantan más. El dolor es sofocante, la indignación está extendida en cada rincón. Nos toca organizarnos, participar y entender que, desde afuera, podemos hacer muchos cambios para que las entrañas del sistema ya no estén podridas.

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Demostremos a la autoridad que nosotros sí podemos organizarnos

Por Alejandro Buendía

La Mesa de Salud de La Laguna fue directa y tajante. Necesitamos homologar criterios de acción para contener la aceleración de la epidemia causada por la enfermedad Covid-19.

En La Laguna de Durango se tomaron medidas drásticas; cierre de negocios no esenciales como bares, antros, cantinas y espacios públicos, se restringió la venta de alcohol, se limitó el acceso al transporte público y se sugirió no salir después de las 10 de la noche.

En Coahuila, por su parte, las medidas fueron laxas, más preocupadas por el dinero de unos cuantos que por la vida y el bienestar común.

Por un lado, prohíben mercados al aire libre pero mantienen la operación de bares y cantinas. Por otro, no homologan los criterios con La Laguna de Durango. ¿Y la coordinación? Nula, inexistente.

Es una vergüenza lo que están decidiendo las autoridades sanitarias. Están paralizadas, se les acaba el margen de maniobra, los hospitales están desbordados, las camas ocupadas, el personal médico y de enfermería exhausto y contagiado.

Por ello tenemos la oportunidad de levantar la voz, de organizarnos, de quedarnos en casa, de sólo salir a trabajar y a realizar actividades meramente indispensables. No estamos para juegos, pensemos en los médicos, médicas, enfermeras y enfermeros que día a día ven cómo se van muriendo cientos de personas. Pensemos en el cansancio de los trabajadores de la salud. Pensemos en las personas mayores de 55 años que son más propensas a morir. Pensemos en comunidad, en unión, en solidaridad lagunera.

¿Las autoridades locales, estatales y federales han hecho un mal trabajo? Sí, sus resultados son paupérrimos, sin embargo, no nos podemos quedar con esos señalamientos, es tiempo de actuar y de demostrar que nosotros sí podemos organizarnos.

Si por cuestiones políticas y empresariales Durango y Coahuila no quieren homologar criterios es muy su problema. En este momento no tenemos tiempo para hacer labor de convencimiento, es evidente que no tienen voluntad política ni social.

Hagamos un esfuerzo como sociedad y evitemos que esta epidemia continúe arrasando con la vida de cientos de laguneros. En nuestras manos está, al menos, prevenir nuevos contagios.