Opinión

Rigor e imparcialidad; INE, te toca defender a nuestra incipiente democracia

Por Alejandro Buendía

Han pasado 90 días de las campañas políticas. Por todos los medios posibles nos han llamado a votar, a participar en la jornada electoral.

Nos han enviado mensajes que clasifican como irresponsables a quienes no emiten su sufragio, que debemos escoger entre las opciones que los partidos nos ofrecen. Así, con ese encono y viendo los terribles perfiles que aspiran a gobernar Torreón, no nos queda de otra más que seguir fortaleciendo a nuestra incipiente democracia.

Ahora, fuera de las paupérrimas opciones que tenemos como ciudadanía, nos toca exigirle al Instituto Nacional Electoral rigor, imparcialidad y mano dura en temas de fiscalización.

Desde su creación, el otrora IFE se ha visto envuelto en polémicas que pusieron en duda su credibilidad. Hoy, le toca a las y los Consejeros, esos que fueron rigurosos al cancelar registros de candidaturas, poner lupa y seguir, espalda con espalda, a cada uno de los candidatos y candidatas que están participando en el proceso.

En el informe de Fiscalización de gastos del INE vemos, por ejemplo, cómo algunos candidatos han gastado más dinero del que han ingresado. También los números indican que otros despilfarran mucho más recurso que el resto de las y los aspirantes.

Por otro lado, también hemos visto a los aparatos de desarrollo social municipales y estatales girar todos sus esfuerzos en repartir huevo, despensas, tinacos en tiempos electorales para comprar conciencias.

Todas las malas prácticas el INE las debe señalar. Queremos un árbitro implacable, indomable y más rígido que una pared de concreto.

Las instituciones, cámaras empresariales, organizaciones de la sociedad civil y periodistas nos insisten, todos los días, que vayamos a votar el próximo domingo 6 de junio, que es nuestra obligación y nuestra única oportunidad para tratar de influir en el quehacer público mexicano.

Hoy, asumimos esa responsabilidad, seguiremos trabajando para tener más espacios de participación fuera del voto, pero también le exigimos al INE, a una sola voz, que nos cumpla, que nos defienda, que fiscalice con uñas y garras y dientes. Que sea irrestricto y que, de ninguna manera, deje pasar ninguna anomalía, no importa de cuál partido provenga ni del apellido que cargue en la espalda el candidato o la candidata.

La democracia en México es débil. Vivimos una dictadura institucionalizada por casi 80 años. Apenas tenemos 21 años viviendo transiciones a nivel federal y, en Coahuila, ni siquiera eso ha sucedido.

Abonemos, como sociedad, a la construcción de una ciudadanía más participativa, activa, crítica y exigente hacia con las y los candidatos, los partidos, pero también con las instituciones que, en teoría, deben garantizar el libre acceso a la democracia y a la libertad de decisión.

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Opinión

¿Otra vez lo normal?

Por Miguel Ángel Ordaz

Cuando empezó la pandemia, ya hace un año y medio, también se empezó a hablar de una nueva realidad; la que vivíamos había rebasado la razón y se había asentado la mala costumbre de aceptar el perjuicio para muchos y el beneficio para unos pocos. A fuerza de repetirse, se consideró normal que en procesos electorales la mentira fuera en todos los casos la principal oferta política a la comunidad.

¿Por qué se mentía?, porque era y sigue siendo válido en tanto no se cuestionen las promesas, es decir, se exija el detalle de la oferta – tiempos, recursos necesarios, planes y acciones, resultados proyectados, beneficios potenciales, entre otros- y en su momento se persiga literalmente al ganador de la elección, para conocer su agenda y exigirle establezca las formas y mecanismos que nos permita conocer su trabajo, decisiones, y sobre todo qué asuntos serán considerados de interés de los representados, en principio.

Aunque se dice rápido, para cuestionar y exigir se requiere información, conocimiento, preparación, otra actitud, nueva forma de pensar, aspectos  a los que por lo general no les dedicamos tiempo. Le restamos importancia y hasta llegamos a afirmar que eso le corresponde al gobierno; total esperar una vez más  no exige; sin embargo, en estos tiempos de tantos y variados problemas agregamos otros: el lodazal en que se han convertido las campañas políticas, donde las ocurrencias, las intromisiones del poder en el proceso, las habladas de los líderes de diputados y senadores, los “no nos afecta” de los líderes y dueños de los partidos cuando un candidato renuncia o deserta.

¿Cómo llegamos a esto?, solo hay que recordar cómo eran las elecciones en tiempos del “Alazán Tostado”, así apodaban a Gonzalo N Santos, político de pistola fajada al cinto y que a balazos coordinó las elecciones de 1941; en las de 1946 las boletas se entregaban a los electores debidamente cruzadas, regresando en blanco las que les daban en las mesas de votación; se entregaban a granel credenciales provisionales; en las de 1956 más violencia, votantes sin credencial, niños votando en San Luis Potosí, y con el tiempo se pasó del “fraude criminal”  al “fraude industrial” con la rasura del padrón, registros múltiples de electores, pago por votar, casillas clandestinas y los medios de información – mientras continuaba el conteo, adelantaba por consigna, el triunfo del candidato oficial. Eran los tiempos del partido hegemónico, del presidencialismo autoritario, mismo que empieza a asomar el cuerpo entero en 2021, donde lo normal es continuar con el deterioro democrático, el desmantelamiento institucional, la mentira, la opacidad en el manejo del dinero público, la simulación en el combate a la corrupción, el nepotismo y el riesgo de pasar de la polarización social al enfrentamiento entre poderes, y por los sucesos de Tamaulipas, también al enfrentamiento entre ámbitos de gobierno.

En mi colaboración anterior (Memoria), citaba dos alternativas para  transformar al país,  la del Control Jurisdiccional (Hans Kelsen) y la del Control Político (Carl Schmitt); vale señalar que esta defiende el sistema de partido único como modelo estatal para conseguir la unidad del pueblo alemán y que jure lealtad incondicional al líder Adolfo Hitler; fascismo puro.

En el Cajón. Ante los hechos de gobierno, no queda duda que se están dando los pasos necesarios para centralizar el poder en una sola persona; se viene minando el sistema de pesos y contrapesos que representan la división de poderes y los organismos autónomos constitucionales. También el INAI es de todos los mexicanos, a pesar de lo que sucedió con el Instituto de Transparencia de Oaxaca; el congreso lo desapareció. Si queremos ser actores en este proceso tenemos que salir a votar este 6 de junio; saber quién es quién como candidato; cuál es su propuesta, no su frase de campaña. Participa, entérate amable lector. No debemos regresar a la normalidad que dinamitó la pandemia.

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Opinión

Sobre el INE, el Tribunal y las candidaturas absurdas

Por Alejandro Buendía

El Instituto Nacional Electoral, antes IFE, es uno de los organismos más importantes para garantizar la democracia y empoderar a la ciudadanía. El INE funge como árbitro, juez y organizador de las elecciones y, en ese sentido, hemos visto en las últimas semanas que se ha vuelto más riguroso con la aplicación e interpretación de la ley.

La cancelación de la candidatura de Félix Salgado Macedonio para contender por la gubernatura de Guerrero, fue un ejemplo de cómo se puede aplicar la ley a rajatabla y sin meditación alguna. El INE, en ese sentido, tuvo la sartén por el mango y optó por impedir la participación del veterano y polémico político.

¿Actuó mal o bien la autoridad electoral? En el estricto sentido, no pudo haber tomado mejor decisión, sin embargo, históricamente el INE y sus Consejeros se han caracterizado por dejar pasar un sinfín de irregularidades y, el Tribunal Electoral, ni se diga.

Luis Fernando Salazar, aspirante a la candidatura de Morena por la presidencia municipal de Torreón, debe estar comiéndose las uñas. Si a Félix Salgado Macedonio le retiraron la candidatura por presentar un informe de gastos de precampaña de manera extemporánea, a Salazar, que ni siquiera lo realizó, le podría ir igual de mal.

A reserva de que se resuelva su caso en los próximos días, el comportamiento del INE sí merece una seria reflexión.

En Coahuila, por ejemplo, cada año que celebramos elecciones, se dispara el presupuesto asignado para ayudas sociales. ¿Por qué el INE no vigila la aplicación y la temporalidad en la distribución de estos recursos? ¿Por qué no fue más firme en la elección de 2017, en donde Miguel Riquelme y Guillermo Anaya rebasaron sus topes de campaña más allá del límite permitido? ¿Por qué no sancionó con fuerza a Enrique Peña Nieto cuando el escándalo de las tarjetas de Soriana y Monex?

El INE es una institución importante para las y los mexicanos, pero también es perfectible. Las y los Consejeros no deben estar a merced de los intereses de los poderes fácticos. En este caso Morena fue perjudicado y sancionado y celebramos que así haya sucedido. Pero hubiera sido mejor que, las sanciones, se aplicarán a actores de todos los partidos. Ya lo dijo la Consejera Adriana Vargas, en Guerrero, prácticamente todos los y las aspirantes no presentaron su informe, pero la sanción sólo se avocó a los morenistas.

Del Tribunal no hay mucho qué decir. Gracias a la verborrea y el amplio conocimiento en materia electoral, las y los magistrados interpretan la ley a su antojo. De pronto, todos los argumentos suenan lógicos y disparatados al mismo tiempo. En el caso de Salgado Macedonio, se lavaron las manos y le devolvieron la bolita al INE, tal como pasó en el caso Coahuila 2017 y como seguirá sucediendo en futuras elecciones.

Al final, la grilla electoral está subiendo. La oposición, agresiva y punzante como nunca antes, busca recuperar un poco del poder perdido en 2018. El partido en el poder, trabaja para conservar el dominio que tiene en el legislativo y presume posibilidades amplias de ganar, al menos, siete de las nueve gubernaturas que están en disputa.

En Torreón, por su parte, las campañas ya iniciaron. Los candidatos han pasado desapercibidos. El ambiente no es tan convulso como a nivel nacional y, todo el medio, sólo está a la espera de saber si, Luis Fernando Salazar, propuesta de Morena para competir por la presidencia municipal, podrá o no participar en el proceso.

Analicemos las pocas o muchas propuestas que puedan poner sobre la mano las y los candidatos. Seamos críticos y reflexivos, no nos dejemos llevar por lo que se escribe y se habla en medios de comunicación y redes sociales. Al final, un criterio bien construido ayudará a discernir entre lo que es circo y grilla, de propuestas y proyectos.

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Opinión, Publicaciones

Hacerlo, es lo necesario

Miguel Ángel Ordaz

Durante las últimas cinco décadas y a partir de la creación del IFE, la participación ha sido parte del discurso social en el país, mismo que no ha sido bien visto si hacerlo no parte del impulso gubernamental.

Durante este lapso se promueve la democratización del país, que hasta ese momento no pasaba de ser una simulación más. Los partidos políticos han migrado de organizaciones políticas a guardas y testaferros del poder, pasando por dirigencias que actúan como dueños, oferentes de franquicias, y en los últimos tiempos en verdaderos entes burocráticos que aparecen cuando se avecinan tiempos de elección; así, a los ciudadanos, como al nopal, solo lo van a ver cuándo tiene tunas.

Son perfectos los tiempos electorales para estas visitas. El sistema político que nos cargamos y la forma tan torcida en que mutó el régimen de gobierno, permitieron que los principios democráticos de efectiva representación y actuación de los representantes se fueran despegando de la comunidad, al tiempo que la búsqueda del poder tuviera como principal motivo el poder mismo; por eso vemos el permanente reciclaje de candidatos -a pesar de su desastroso paso por otros cargos, uno como alcalde, y otro para diputado local que ya es por su tercera vez- que obedece su participación más a la consolidación de un grupo en el poder, que el uso de este en beneficio de todos nosotros los ciudadanos contribuyentes. Dejemos de solo ver, es tiempo de razonar y sobre todo de actuar, de hacer.

Mientras la representación deja mucho que desear y la democracia participativa es sujeta de manipulación, las alternativas participativas se reducen a que nosotros, los ciudadanos, la sociedad, lo hagan a través de los pocos instrumentos que van quedando en este proceso de transformación, desmantelamiento institucional, que estamos viviendo. Uno de esos instrumentos es el derecho a saber, a conocer lo que hace el gobierno, lo que deciden quienes forman y formaron parte de él. Si el “mayoriteo” tramposo y cínico de la legislatura que recién terminó en Coahuila, al servicio del ejecutivo,  no permitió entre otras cosas, que se diera cuenta precisa de los créditos contratados por el gobierno estatal durante estos tres años, no podemos esperar más para exigir nuestros derechos. Salgamos este domingo 18 de octubre a realizar un voto razonado, y preparémonos para exigir cuentas específicas al Poder Legislativo.

Cambiemos el verbo esperar por el de exigir; lo podemos hacer; empecemos este domingo con el firme propósito de no perder de vista la actuación de los servidores públicos, del uso de los recursos, de las decisiones de los órganos colegiados y del sentido del voto de quienes los integran, trátese del Congreso local, o del Cabildo. El objetivo principal de la transparencia y la rendición de cuentas es incidir en las políticas y participar en la elaboración de las políticas públicas a través del ejercicio del derecho a la información.

Ejercer este derecho implica dos obligaciones: conocerlo y aplicarlo, y conocer al sujeto de aplicación, al gobierno, a la parte del mismo que nos interese saber lo que hace.

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Opinión

Política, democracia, participación ciudadana son, pero no están

Por Moisés Picazo

Esto concuerda con lo expresado por el Doctor en Derecho Eduardo López Betancourt, en una plática en la Ibero Torreón: “Tenemos un Estado de Derecho, pero no vivimos un Estado de Derecho», y se pone de manifiesto ahora más que nunca gracias a las “benditas redes sociales”.

Ejemplos: en un chat de personas mayores algunos manifestaron  ”si aquí se habla de política, nos retiramos de este grupo, pues aquí no se debe hablar de política”; en otro grupo: “es que el INE les reparte  dinero a manos llenas a los partidos políticos”; y otros afirman “es que el INE hace fraude electoral”; otros más como la CNDH y organismos de la sociedad civil: “solo defienden a los delincuentes”, y otros comentan que el ejército debe actuar en la seguridad pública, o sea, hacerla de policías.

EL FRAUDE ELECTORAL NO ES DELITO (Ley general en materia de delitos electorales), el INE no puede alterar un acta, ni puede anular una casilla o una elección, ni puede comprar votos, y menos inducir para que un partido o ciudadano vote en cierto sentido, no maneja dinero, ni les da dinero a los partidos”. Y así podríamos continuar, con una serie de leyendas urbanas o díceres de la gente, que el mismo gobierno o partidos difunden no irresponsablemente, sino intencionalmente. Para detalle de esto, ver artículo El INE NO DA DINERO A LOS PARTIDOS NI DECIDE QUIÉN GANA UNA ELECCIÓN”. Moisés Picazo publicado en Red es Poder.

Lo preocupante es que no tenemos mentalidad de ciudadanos y nos han hecho analfabetas cívicos, pues si no conocemos nuestros derechos o si simplemente ni siquiera sabemos que los tenemos, ¿cómo podemos exigirlos? Vuelvo a citar la frase del Marqués de la Croix, Capitán General de la Nueva España y Virrey de la misma: “De una vez y para lo venidero deben saber los súbditos que nacieron para callar y obedecer y no para discutir y opinar de los altos asuntos de gobierno” hace ya más de  250 años.

Solo recuérdese que los funcionarios públicos o gobernantes, empezando con el presidente de la república y terminando con el último burócrata, no pueden hacer nada que no esté previsto en las leyes correspondientes, muy al contrario de nosotros los ciudadanos que tenemos toda la libertad dada por la constitución, siempre y cuando no violemos las normas establecidas o afectemos los intereses de terceros, como dice Gabriel Said “ellos nos deben hacer los mandados a nosotros, no nosotros a ellos”, somos mandantes y ellos son mandatarios (mandaderos).

Veamos, ¿quién hace las leyes por las cuales nos manejamos, por las cuales se rigen el gobierno y los organismos públicos? Pues les tengo una mala noticia, las hacen los partidos políticos, por medio de sus legisladores (no nuestros), diputados federales,  estatales y senadores, y sigue vigente la frase “se acata pero no se cumple”. No olvidemos que los políticos y sus partidos hacen sus leyes para despacharse con la cuchara grande y no les importa ni el país, ni el pueblo, ni los pobres, y al contario, no quieren acabar con la pobreza, solo administrarla para que sigan votando por ellos.

Nos engañan con aparentes leyes que solo existen y las aplican para su beneficio, como se mencionó, el fraude electoral no es un delito y menos grave, (vean la Ley General en Materia de Delitos Electorales, 26 artículos), la corrupción tampoco es delito, el robo de fondos públicos no es delito grave, le llaman peculado.

Desde el siglo V a. de C., que se popularizó con la obra de Aristóteles “Política”, se puede tener la seguridad de que en ninguna obra o tratado se le da la connotación de política a la mexicana, ahí les van una cuantas muestras de lo que no debe ser la verdadera política: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, “El que no tranza no avanza”, “Haga obras, pues de la obra lo que sobra”, “La corrupción somos todos” “La moral es un árbol que da moras”.

Otro ejemplo, no conocemos que tenemos derechos humanos, y sus características; por ejemplo, no ejercemos el derecho a la información, que es nuestra, no de ellos.

Espero haya oportunidad de ir combatiendo estos mitos y fantasías de nuestra realidad política, democrática y social pues aún tenemos leyes e instituciones que sobreviven con cierto grado de autonomía, y podremos dejar de ser analfabetas cívicos. Citando a Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todos algún tiempo y puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos todo el tiempo”.

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