Opinión

La Policía en Torreón no te cuida

Por Alejandro Buendía

La policía en Torreón no te cuida. Lamentablemente esa es la percepción general de la ciudadanía. La confianza está quebrada en pequeños pedazos irreparables.

¿Por qué no nos sentimos seguros cuando está cerca de nosotros una patrulla de la policía municipal o de tránsito y vialidad? Sencillo, porque más que cuidarnos, nos vigilan con detenimiento, a la espera de cualquier error, por más ínfimo que éste sea, para reprendernos.

Lo que pasó recientemente con el ministro de la Suprema Corte de Justicia, Javier Laynez, en las calles de Torreón, es sólo una muestra de la barbarie policiaca.

No se trata de que haya manejado en mal estado o no, la detención, de acuerdo con lo declarado por el ministro, estuvo llena de irregularidades. Y es que en Torreón las corporaciones policiacas son entes recaudatorios que exprimen el bolsillo de la ciudadanía.

¿Por qué defender la postura de ministro? Porque el Ayuntamiento de Torreón no se ha atrevido a mostrar las supuestas pruebas que verifican el mal estado en el que estaba manejando Laynez Potisek, porque una vez más guardaron silencio, porque apelan a la memoria corta para que todo se olvide y la vida siga su cauce.

Para aspirar a vivir en una región competitiva, es indispensable preparar policías que respeten plenamente los derechos humanos, que estén para preservar el orden social, no para acosar y hostigar a la ciudadanía.

En Torreón, lamentablemente, la policía no te cuida. La preparación de los uniformados es precaria. La vocación por reprender, extorsionar e intimidar a las personas la tienen tatuada y adherida en la piel.

¿Queremos un Torreón y a una región amable para vivir? Empecemos por regenerar a nuestras instituciones, respetemos los derechos humanos y hagamos de las corporaciones policiacas una alternativa confiable y eficaz para preservar el orden y brindar seguridad a toda la ciudadanía.

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Opinión

Nos bastaron 114 años para comprometer el futuro de Torreón

Por Alejandro Buendía

Nos bastaron 114 años para comprometer el futuro y la viabilidad de Torreón. En ese tiempo sobreexplotamos el acuífero principal que alimenta a más de nueve municipios laguneros. Deforestamos y arrasamos con la flora endémica que adornaba el lugar. Llenamos de concreto las calles, las avenidas y los espacios públicos. Instalamos empresas maquiladoras, agrícolas, mineras e industriales que precarizaron los salarios, sobreexplotaron a las personas y chuparon los recursos del medio ambiente.

En 114 años Torreón está comprometido. Su futuro no se ve claro, ya no tiene agua, forma parte de las zonas metropolitanas con peores sueldos, la violencia de género es un problema grave que no se ha solucionado, el calor es cada vez más brutal y las personas que no tienen el privilegio de trasladarse en auto viven un calvario cada vez que se mueven de un lugar a otro.

Torreón duele, duele hasta el tejido más escondido del cuerpo. Hay ciudades mexicanas que tienen más de 500 años y continúan en pie, con sus problemas y sus retos, pero han sobrevivido a través del tiempo, sin embargo, aquí, la situación es tan grave, que se están buscando alternativas para traer agua de otro lado, que los talentos jóvenes migran porque la oferta laboral es precaria y mal pagada, que las mujeres migran porque la brecha salarial de género en el estado y la ciudad es la más alta del país.

En dado caso, podríamos felicitar a Torreón y a su gente porque ha resistido. Las autoridades, por una parte, han demostrado una y otra vez su incompetencia. La alternancia entre partidos no es una muestra de la pluralidad política de la ciudadanía, sino más bien de que nadie ha convencido, de que todos y todas, sin importar su color, han tenido paupérrimos resultados.

A la gente que trabaja todo el día en la maquila, en el sector servicios, en la oficina, en labores domésticas, en oficios, en la construcción; felicidades porque han resistido y sobrevivido el calvario que significa vivir en Torreón.

Como ciudadanía nos toca defender a la ciudad, hacerla nuestra, no permitir que llegue cualquier hijo de vecino a implementar ocurrencias. Merecemos empleos mejor pagados, más inversión pública, movilidad digna, más áreas verdes. Necesitamos una ciudad viva, amigable e inteligente.

Resiste, Torreón, porque no sabemos cuántos años pasarán hasta que exista voluntad política para iniciar tu rescate.

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Opinión

La “bendita” lluvia que desnuda carencias en La Laguna

Por Alejandro Buendía

La Comarca Lagunera tenía mucha sed. Las lluvias escasearon este año. Se perdieron muchos cultivos, el calor era insoportable.

De pronto, en este mes de agosto y en la antesala de la preparación para bombardear nubes en el estado de Durango, la lluvia, la bendita lluvia, llegó.

Para cualquier lugar semidesértico del mundo, que caiga un poco de agua sería una bendición, sin embargo, en la región lagunera, para miles de personas, es un riesgo.

Como cada año, las lluvias “atípicas” de agosto sorprendieron a las autoridades. Los drenajes, nuevamente, se vieron colapsados. Las calles encharcadas y algunas colonias ahogadas.

Por supuesto, los sectores más dañados fueron el poniente y el sur de la ciudad de Torreón y las zonas ejidales de Gómez Palacio, así como el centro de Lerdo. En estos lugares, la gente perdió parte de su patrimonio, se cayeron techos y vehículos fueron arrastrados por la corriente.

¿Qué tiene que pasar para que las autoridades municipales y estatales desarrollen proyectos serios para rehabilitar el drenaje pluvial? ¿Por qué nadie le ha dado importancia a este tema? ¿Por qué no se preocupan por los sectores más desprotegidos de la región?

Como siempre, las brechas en La Laguna son gigantes; a nadie le importa lo que sucede en los barrios populares, en los lugares recónditos que hospedan a miles de familias que viven marginadas.

Es tiempo de que se desarrollen políticas públicas incluyentes, que consideren a todos los sectores de la sociedad y que estén diseñadas como proyectos a mediano y largo plazo para dar continuidad y solucionar los problemas de raíz.

La lluvia debería ser una bendición, pero en la Comarca Lagunera es una amenaza con tintes fatales.

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Opinión

Participación, planeación y mejores gobiernos

Por Patricia Vargas Bryan

Ahora que ya conocemos al alcalde electo para Torreón y los demás municipios del estado, es importante estar atentos a las declaraciones sobre planes, proyectos y prioridades de los gobiernos municipales que encabezarán.

Recordemos que la participación ciudadana no se agota en las urnas, el día de la elección. El trabajo que continúa será arduo para los organismos de la sociedad civil que nos dedicamos a vigilar y pedir que las instituciones públicas rindan cuentas de su gestión. La ciudadanía en general puede formar parte de este quehacer manteniéndose informada por diferentes medios sobre obras, acciones, discursos y el quehacer cotidiano de ayuntamientos y direcciones, especialmente cuando abordan temas de interés urgente o general. También podemos participar exigiendo que diputadas y diputados, tanto locales como federales, habiliten vías de comunicación entre sus oficinas y los habitantes de sus respectivos distritos.

Sin embargo, un mal de cada cambio de administración, especialmente si hay alternancia de partido, es la falta de continuidad a los programas iniciados por la anterior. O, como sucede en muchas otras, los gobiernos municipales evitan emprender proyectos que no tendrán la oportunidad de lucir políticamente antes de que termine su periodo.

Para tratar de resolver esa problemática, desde hace años se han instalado en diversos municipios institutos de planeación. Las ciudades deben contar con instrumentos que les permitan conocer la realidad desde un punto de vista técnico para proponer soluciones viables, eficientes, incluyentes y de largo plazo, capaces de romper esas barreras transexenales que impiden un desarrollo ordenado y consistente. Lamentablemente, estos institutos nacieron y se mantienen como organismos descentralizados del gobierno local, sin atribuciones vinculantes con los respectivos ayuntamientos. Es decir, que por más y mejores planes que diseñen sus expertos, las alcaldías no están obligadas por la ley para darles cumplimiento.

Para La Laguna, este enfoque de planeación se hace aún más complejo por tratarse de una zona metropolitana que comparte dinámicas entre municipios de dos estados. La planeación de un municipio, entonces, debería coordinarse con la del resto para diagnosticar integralmente a la ciudad, construir soluciones conectadas y sumar las capacidades y vocaciones de cada unidad territorial.

Lo más importante de generar instituciones de planeación vinculantes, es que integran otra forma de participación aún más sustantiva de la sociedad: estos órganos son encabezados por consejos ciudadanos, plurales y comprometidos, que representan la oportunidad de generar un verdadero espacio de gobernanza urbana. Es decir, consejos o comités integrados por ciudadanos que representen a todos los sectores de la población, y trabajen en conjunto con funcionarios y expertos para generar propuestas de valor.

Desde PC29 seguiremos insistiendo en la importancia de participar, de informarnos y tratar de incidir en políticas públicas que construyan espacios de colaboración entre la sociedad y los gobiernos. Para lograrlo, es muy fundamental que más organizaciones se fortalezcan en la suma de recursos y capacidades con otras, que la ciudadanía siga nuestro trabajo en redes y medios, y se sumen a la exigencia legítima y necesaria de mejorar las formas de gobierno que impactan la vida de todos nosotros.

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Opinión

Rigor e imparcialidad; INE, te toca defender a nuestra incipiente democracia

Por Alejandro Buendía

Han pasado 90 días de las campañas políticas. Por todos los medios posibles nos han llamado a votar, a participar en la jornada electoral.

Nos han enviado mensajes que clasifican como irresponsables a quienes no emiten su sufragio, que debemos escoger entre las opciones que los partidos nos ofrecen. Así, con ese encono y viendo los terribles perfiles que aspiran a gobernar Torreón, no nos queda de otra más que seguir fortaleciendo a nuestra incipiente democracia.

Ahora, fuera de las paupérrimas opciones que tenemos como ciudadanía, nos toca exigirle al Instituto Nacional Electoral rigor, imparcialidad y mano dura en temas de fiscalización.

Desde su creación, el otrora IFE se ha visto envuelto en polémicas que pusieron en duda su credibilidad. Hoy, le toca a las y los Consejeros, esos que fueron rigurosos al cancelar registros de candidaturas, poner lupa y seguir, espalda con espalda, a cada uno de los candidatos y candidatas que están participando en el proceso.

En el informe de Fiscalización de gastos del INE vemos, por ejemplo, cómo algunos candidatos han gastado más dinero del que han ingresado. También los números indican que otros despilfarran mucho más recurso que el resto de las y los aspirantes.

Por otro lado, también hemos visto a los aparatos de desarrollo social municipales y estatales girar todos sus esfuerzos en repartir huevo, despensas, tinacos en tiempos electorales para comprar conciencias.

Todas las malas prácticas el INE las debe señalar. Queremos un árbitro implacable, indomable y más rígido que una pared de concreto.

Las instituciones, cámaras empresariales, organizaciones de la sociedad civil y periodistas nos insisten, todos los días, que vayamos a votar el próximo domingo 6 de junio, que es nuestra obligación y nuestra única oportunidad para tratar de influir en el quehacer público mexicano.

Hoy, asumimos esa responsabilidad, seguiremos trabajando para tener más espacios de participación fuera del voto, pero también le exigimos al INE, a una sola voz, que nos cumpla, que nos defienda, que fiscalice con uñas y garras y dientes. Que sea irrestricto y que, de ninguna manera, deje pasar ninguna anomalía, no importa de cuál partido provenga ni del apellido que cargue en la espalda el candidato o la candidata.

La democracia en México es débil. Vivimos una dictadura institucionalizada por casi 80 años. Apenas tenemos 21 años viviendo transiciones a nivel federal y, en Coahuila, ni siquiera eso ha sucedido.

Abonemos, como sociedad, a la construcción de una ciudadanía más participativa, activa, crítica y exigente hacia con las y los candidatos, los partidos, pero también con las instituciones que, en teoría, deben garantizar el libre acceso a la democracia y a la libertad de decisión.

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