Ultracrepidarianismo: eterno mal social

Por Luis Alberto Vázquez

Cuando tan torpe la razón se halla,
mejor habla, Señor, quien mejor calla.
Pedro Calderón De La Barca

Para muchos médicos los pacientes más problemáticos son aquellos que antes de acudir a consulta revisan en internet sus síntomas y tratamientos. Creen en la web ciegamente y son capaces de discutir con el galeno hasta los medicamentos. Esta experiencia se ha vuelto viral en todo el mundo y encontramos “versados peritos” que se creen amos únicos de la verdad y deambulan ofreciendo conferencias magistrales y disertaciones lo mismo científicas que ideológicas y hasta de extraterrestres.

Al profesor de Psicología social David Dunning, le resultaba casi imposible imaginar que hubiera personas que pretendieran saberlo todo y fuesen capaces de presentarse en auditorios o medios de comunicación a exponer descaradamente ideas y/o principios de los que carecían información precisa y profunda. Eso le llevó a preguntarse: ¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia?

Dunning y el Dr. Justin Kruger realizaron experimentos que los dejaron aún más sorprendidos: Tras múltiples ensayos, analizaron la competencia de las personas en diferentes ámbitos del humano saber. A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en diversos campos. A continuación, les realizaron pruebas dirigidas a evaluar su competencia real. Estos investigadores (Premio IG Nobel de Psicología 2000), descubrieron que cuanto mayor era la incompetencia de cada persona, menos consciente era de ella. Paradójicamente las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos.

Surgió así el efecto Dunning-Kruger “Cuanto menos sabemos, más creemos saber”; científicamente comprobaron que la personas que lo sufren:
a)- Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia; publican constantemente imágenes y textos famosos incomprensibles para ellos pero que afirman les hacen ver cultos.
b)- No suelen reconocer la competencia de otras personas y lo peor.
c)- Lo primero que hacen estas personas altamente ineptas es buscar incompetentes; voltean hacia todos lados para escudriñar “incapaces” y creen encontrarlos rápidamente entre aquellos que odian, sean enemigos políticos o adversarios de negocios. “Los más incompetentes son los que acusan a los demás de incompetentes…”

Este sesgo cognitivo nos revela que las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos se sobrestiman a sí mismas creyendo dominar esas competencias. Como resultado, suelen creerse “ultracrepidianos”, es decir, personas que expresan opiniones sobre temas que están fuera de su conocimiento o su experiencia. vulgo: individuos que hablan sin saber…

En los medios de comunicación tanto tradicionales como virtuales constantes se farsantea y fantasea; esta misma semana una estulta comentarista radiofónica aseveró públicamente que la educación franquista, nazi y comunista soviética eran lo mismo y tenían idénticos principios ideológicos, lo peor es que muchos aplaudieron su sandez. Sintiéndose ofendidos por la comparación, Hitler mandaría a todos sin excepción al horno crematorio, Franco al garrote vil y Stalin a trabajos forzados en Siberia. De tener mínima vergüenza, al menos investigarían si existe ínfima identificación entre esas ideologías.

Ahora bien, aquellos son pecados menores, pero cuando se pone en peligro la vida, esa sapiencia imaginaria se convierte en un arma letal, como la infame divulgación genocida de la senadora que calumnió, sólo por razones político-partidistas, a la vacuna rusa contra covid19 poniendo muchas vidas en riesgo, eso es criminal y debería juzgársele por ello. Finalmente, la OMS la ridiculizó determinando que dicho fármaco poseía alta efectividad, pero el daño estaba hecho, muchos mexicanos se niegan a vacunarse, todo por esos infundios.

Hoy sucede reiteradamente que en las redes sociales surgen personas con ese complejo cognitivo; es común leer a individuos que no se limitan a dar opiniones, sugerir ideas o novedades, lo que es muy válido; sino necios que pretenden imponer sus criterios como si fueran verdades absolutas, para ello ofuscadamente intentan demostrar con mensajes, imágenes y/o videos adulterados que todos los demás son completos ignorantes y por lo tanto deberíamos aceptar sus principios como dogmas; son personas difíciles de tratar intelectualmente porque suelen aferrarse a juicios muy rígidos y jamás aceptarán que pudieran ni remotamente equivocarse.

Este efecto se manifiesta en todas las áreas de la vida. Un estudio universitario reveló que el 80% de los conductores y críticos políticos se califican a sí mismos muy por encima de la media, lo cual, obviamente, es estadísticamente imposible, pero su ineptitud les impide entenderlo y continúan mintiendo y creyendo, inconscientemente que la gente es tonta y les cree.

La buena noticia es que este efecto se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones, si algo desconoce lo investiga y así concluye honestamente: “Mientras más aprendo más me doy cuenta de mi ignorancia”